miércoles, 29 de agosto de 2012

BAJO LA SUPERFICIE: Jhon James Marín


«Sobre la tierra, todo transcurre con normalidad. 
Sin embargo, bajo la superficie, todo arde en llamas.»


Esta Semana
JHON JAMES MARÍN 









JHON JAMES MARÍN
[Sin título] 2012
Dibujo, lapicero sobre papel.

Puede ver más del bello trabajo de James en su blog, haciendo clic aquí.


El siguiente escrito, sobre todo el párrafo a continuación, no hace referencia a la Crítica del Arte, ni a la Filosofía del arte.

El arte ha adoptado una actitud muy difícil en los últimos años, y es que el artista, tenga que explicar su obra de arte. Actitud que siempre ha estado presente, pero que se asienta con fuerza en la actualidad. Se ha perdido, en cierta medida, la contemplación por la contemplación, parece que se negara la relación callada e invisible que se produce entre el observador y el objeto observado. Ahora es necesario romper ese silencio y hablar, hablar y hablar. En términos actuales, "teorizar" o "conceptualizar", que se ha vuelto la más grande de las pesadillas de los estudiantes de arte y quizás también la de muchos artistas. 

Es como si se produjera un eco en el mundo del arte que repite «Ya no basta con lo que usted hace, por favor hable», lo que deja la impresión de que quienes pronuncian tales palabras, no están seguros de que usted haya hecho eso realmente, por lo que se necesita una comprobación, porque, en caso de que un trabajo plástico o una obra no diga nada, absolutamente nada por sí sola, yo no pediría ninguna explicación , sería perder el tiempo. 

Fellini dijo alguna vez: 
«No me gusta la idea de tener que "entender" un filme. No creo que el entendimiento racional sea una parte esencial en la recepción de una obra de arte. Sea que una película tenga algo para decirle a usted o no. Si usted se siente conmovido o tocado por la película, no necesita ninguna explicación. Si por el contrario, no se siente conmovido, no habrá ninguna explicación que lo haga sentir de tal manera.»

De esta manera, retomo la idea algo arcaica para muchos, de que el arte puede -no debe- puede defenderse por sí solo, pues acaso ¿no se trata de otro lenguaje? Y como yo no puedo hacer una obra de arte que diga todo esto que estoy escribiendo por sí solo, pues lo escribo, porque es la forma primaria de nuestra comunicación y por ende la más sencilla. 

Por tanto, lo anterior es una pequeña introducción para ubicar o situar una defensa al trabajo de James que es de los pocos que realmente, hablan por sí solos y de los que no hay que pronunciar una sola palabra ni pedir explicación, sino solamente llenarse con la vista, porque sí producen algo en el interior de quien observa estos dibujos. No se trata aquí de ser el mejor de los observadores, el más especializado, o de adquirir una gran concentración en el momento de la contemplación. Simplemente, se trata de querer ver, de observar -dejando de lado la inmediatez que supone el internet- y apreciar el todo, que es conmovedor.

Sin embargo, como es imposible dejar de lado la opinión de espectadora, y teniendo en cuenta que el trabajo de James me produce muchas ganas de escribir, sí quisiera aportar, de manera crítica mi visión frente a estos dibujos que hoy se presentan:

Son la inocencia atravesada por fuertes trazos de tinta, que producen formas que asemejan "monstruos" que rondaron la infancia, o que surgen de repente en una noche de la adultez, mientras se recuerda a la niñez. Son quizás en conjunto, una especie de insistencia sobre una infancia solitaria y confusa, algo triste inclusive. No es sino detectar los ojos de algunos de estos seres, que son oscuros y profundos. Pero  asimismo, hablan de que a partir de aquéllos sentimientos, se generó otro mundo diferente al real para evadirlos. Así, James nos permite dar un paseo, cuyos campos y caminos no están en otro lugar sino en nuestra mente. De repente parece, como si estas formas, estos seres sí hubieran existido en tiempos pasados... o quizás ¿están ellos permanentemente en nuestra cabeza, pero en su lado más secreto y oscuro? ¿Podríamos hablar del subconsciente? De ser esto último, habría que entablar una conversación con un filósofo.  

Visto que mi relación con la filosofía (y las formulaciones en cuanto al subconsciente) son muy pocas o nulas, creo que el anterior párrafo podría definirlo en alguna parte, de la siguiente manera: Cuando somos niños, nos imaginamos una infinidad de cosas ¿cuántos de nosotros no tuvimos un amigo imaginario? ¿Cuántos no creamos otros mundos porque en el que vivíamos no lo podíamos entender del todo? Al parecer, el mejor medio de comunicación de un niño es a través de la imaginación, de la creación misma de objetos, personajes, formas y lugares. Por ejemplo, tengo el vago recuerdo de que una vez, jugando en un parque con una prima y mi hermana mayor, alguien comenzó a perseguirnos y era de noche, entonces nosotras salimos corriendo con miedo, esto es real. Lo que no lo es, es lo que yo imaginé en ese momento y que lo tengo ahora grabado como un recuerdo vivo. Mientras corría, yo miraba hacia atrás, y sufrí un temor terrible, mezclado con un asombro impresionante, al ver que lo que nos perseguía era un monstruo verde, algo similar al pegajoso de los cazafantasmas. Esto es algo que nunca he podido solucionar. Yo con 5 o 6 años, imaginé y me creí mi imaginario, por lo que me es imposible ahora mismo (con 26 años) dejar de lado que de lo que huíamos era una cosa verde. 

Este recuerdo, hubiera sido imposible, si no hubiese visto detenidamente los dibujos de James. Ellos produjeron algo en mí, esculcaron en lo profundo de mi cabeza, y han hecho emerger esta experiencia. Esto es lo que debe ser importante.




Andrea Carolina Muñoz O.

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